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Carta abierta a Matsu  

Posted by La voz silenciada in ,

Ayer volví de Gales. Había estado allí durante tres días para ver a las familias que acogerán a nuestros alumnos el mes de julio. Cuando entré por la puerta de casa, allí estabas tú, esperándome. Como siempre, como cada día durante los últimos siete años, la primera en saludarme, aunque sólo hubiera bajado a por tabaco al quiosco de enfrente. Te quité la campana (te habíamos tenido que operar de urgencia por una piometra el viernes anterior) y, como siempre, apoyaste la cabeza en mi pierna. Te acaricié y nos volvimos a saludar después de casi tres días sin vernos. Me senté al ordenador y como tantas otras veces viniste de nuevo a mí y te tumbaste al lado, cerca, bien cerca, dónde pudiera extender la mano y hacerte una caricia ocasional. Después, María fue a buscar a Lía, a tu niña, al autobús escolar. La saludaste como siempre, con alegría y ella te respondió como siempre, mimándote. Al fin y al cabo, eras la que me acompañaba a despertarla cada mañana. Poco después llegó Jordi, ese amigo que cada viernes, pese a insistir que eras tonta te dedicaba siempre una caricia, unas palabras, lo que fuera. Y sí, eras tonta, tonta en tu eterna dulzura. Faltaban otros por llegar, pero los que realmente te importaban, los tres que teníamos la suerte de compartir nuestra vida contigo ya estábamos allí. Así que te tumbaste donde siempre, debajo de la mesa, para sentirnos cerca, para seguir a nuestro lado. Y fue allí, a nuestros pies, notando con tu corpachón nuestro calor, que suspiraste por última vez. No nos dimos siquiera cuenta. Fue María quien vio que algo no iba bien. Fue a levantarse y te dijo que te apartaras, como siempre. Pero esa vez no respondiste, no te levantaste para seguirla, no te moviste para dejarla pasar, como siempre. Ella me avisó, me dijo que algo no iba bien. Me tiré debajo de la mesa. No encontré tu latido, no sentía tu respiración. Salimos corriendo contigo en una manta a la veterinaria, pero ya no sirvió de nada. Ya te habías ido. Lo que quedaba, ya no eras tú. Tu alma, dulce, cariñosa, gentil, tu alma llena de amor, porque los perros también tenéis alma y que nadie se atreva a rebatírmelo, ya había iniciado un viaje que tenías que hacer sola.

En la clínica me abracé a tu cuerpo sin vida y rompí a llorar, como un niño pequeño, sin poder y sin querer contenerme. Sé que ya no eras tú, pero era cuanto me quedaba de ti en forma física. Pobre Jordi, no sabía que hacer, no sabía como consolarme. Volví a casa y allí me encerré en mi habitación. Necesitaba llorarte. Sigo haciéndolo ahora mismo, mientras escribo estas líneas.
Hay quien pensará que sólo eras una simple perra, que tampoco hay para tanto. También habrá quien tenga corazón y entienda mi dolor.

Durante siete años, nos has acompañado, mi querida Matsu. Ahora ya no estás y me duele tu ausencia como si me hubieran arrancado un pedacito de alma. A los pies de la cama, en mi habitación, sigue habiendo una manta en el suelo, donde dormías. En la cocina, un par de recipientes con comida y agua siguen esperando que los vacíes. Hoy, probablemente, los vaciaré y los tiraré. Recogeré tu manta y me libraré de ella. Barreré bien a fondo la casa, y quitaré por última vez esa alfombra de pelo que nos dejabas cada primavera. Pero no te equivoques, chica. Eso no hará más fácil sobrellevar esto. Eso no hará que las lágrimas dejen de fluir. Eso no hará que Lía vuelva a sonreír hoy. Eso no hará que María deje de tener los ojos anegados y contenga las lágrimas porque me ve desolado. No, chica, haremos todo eso porque debe hacerse, porque es lo práctico, pero te llevamos grabada en el alma, los tres.

Dejo de escribir un rato. Las lágrimas no me dejan ver la pantalla ni el teclado. Hoy es todo muy duro.

No sé, no puedo dejar de pensar que quisiste esperar a tenernos a todos cerca. Que no querías irte sin vernos por última vez. Que aguantaste hasta que yo volví de mi viaje, hasta que María acabó de trabajar, hasta que Lía llegó del colegio. Te queríamos mucho, chica, pero creo que tú nos querías a nosotros aún más. Como sólo un perro puede querer a su familia, con devoción y entrega absoluta.

No somos los únicos que te echaremos de menos. Los chicos, como Lía los llama, también sienten tu pérdida. Los mismos que el viernes pasado se quedaron con Lía hasta las tantas de la mañana para que nosotros pudiéramos llevarte al veterinario. Jordi, David, Fiber, Marc, Monty, Javi, Álex... Todos ellos llegaron a conocerte bien. Ellos también echarán a faltar que aparezcas cada vez que se mencionaba la palabra pizza. Ellos también sentirán cada viernes ese vacío bajo la mesa, tu sitio...

No sé a dónde has ido. No sé si hay un lugar para los perros en la estación de destino. Qué leche, ni siquiera si hay una estación de destino. Pero si la hay, si hay un sitio dónde vamos cuando termina el trayecto, que sepas que allí te está esperando un perro enorme, negro, con unos ojos de ámbar dulces y llenos de paciencia. No te preocupes, se llama Argos y sabrá recibirte bien. Seguro que él te busca una manta bien cómoda donde tumbarte, a su lado. Allí, los dos podréis esperarnos. Porque sé, que si hay algo más allá, los tres tenemos ya a un par de amigos fieles que nos aguardan. Y sé que cuando cruce esa puerta, como siempre, como cada día durante los últimos siete años, serás la primera en recibirme.

Te echo mucho de menos, Matsu. Me duele tu ausencia.

PS: Dejo como recuerdo mi foto favorita de ti, con Lía abrazándote. No es una buena foto, pero al mismo tiempo es la mejor.


Regalo de cumpleaños  

Posted by La voz silenciada in

Pues sí, el domingo fue mi cumpleaños. 40 tacos uno encima del otro ya. Pero el motivo del post no es lamentarme por la juventud perdida y desperdiciada (que podría, podría) sino enseñaros a todos el pedazo de regalo que me hizo mi mujer. Ha sido especial, muy especial. Tiene un culo grande, enorme para los que no estamos acostumbrados a ese tipo, a esa estructura morfológica.
Pero quizás por ese mismo culo, tiene una voz delicada, potente, rica, llena de matices, que invita a acariciarla, a pulsarla, a intentar sacar de ella cada vez más... ¿eh? No, no, no hablo de mi mujer, hablo de esta preciosidad:

¿A que es preciosa...? Pues imaginaos lo bien que suena...

De vuelta en casa...  

Posted by La voz silenciada in

Ayer regresé de mi estancia (y ya van cinco) en Gales. La parte buena del retorno es el volver a ver a mis chicas. La parte mala es volver a aguantar este calor humedo y pegajoso. Dejo allí a uno de los mejores amigos que nadie pueda tener, el scottish-catalonian que hace cinco años ya adopté como hermano mayor... ¿o fue él quien me adoptó como catalonian-scottish? La verdad es que poco importa. Nos adoptamos el uno al otro. Sé que él jamás leerá esto, pues aunque lo intentara, poco iba a entender. Pero me da igual. Necesito decirlo una vez más: Gracias, George. Te echo de menos.

Esto se acaba...  

Posted by La voz silenciada in

Último día de las vacaciones de Semana Santa, y maldita la gracia que me hace volver a trabajar... Como a todos, supongo. El desgaste que me está provocando este curso está siendo muy alto y los niveles de stress están por las nubes. Empiezo a pensar que necesito un replanteamiento, pero mucho me temo que hasta el verano no voy a poder llevarlo a cabo.


En otro orden de cosas, ayer tuve la suerte de poder compartir con unos cuantos amigos una buena comida y una tarde fotográfica, aunque la lluvia nos la hiciera cerrar antes de lo que hubiéramos deseado. Al menos, sigo aprendiendo...

Descargando conciencia...  

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No sé aún bien del todo que me ha traído hoy a escribir. Supongo que ese trocito de conciencia que me remuerde por no actualizar el blog más a menudo. Me encantaría ser disciplinado, tener esos mismos hábitos de constancia y trabajo diario que intento conseguir en otros... Pero como de costumbre ando metido en más proyectos, aficiones y cuitas de las que puedo acometer de forma constante. Quizás el secreto de los blogs sea hacer lo que estoy haciendo ahora, escribir así, sin pararme a pensar sobre qué, dejando que la mano pasee por el teclado trasladando lo que me pasa por la cabeza. Al fin y al cabo, es lo que parece que hace mucha gente. Hay que olvidarse de la excelencia. Al menos en lo que no se refiere a los asuntos profesionales. Centrarse en disfrutar del camino. Sigo leyendo, menos de lo que me gustaría, pero más que hace unos años. Ahora mismo he aparcado las aventuras de Vlad Taltos para meterme en el Cineclub. Cuando lo acabe, si me acuerdo, lo comento. No es una promesa.

Noche de Reyes  

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Esta noche es la Noche de Reyes. Esa noche en la que tantos niños se acuestan con la ilusión de esperar qué aparecerá por la mañana, qué regalos habrá. Las sonrisas de sus caras son lo más mágico, el mejor regalo de ese día.



Sin embargo, muchos otros no pueden vivir esa sensación, esa ilusión, esa sonrisa. Por todos ellos, hay gente que se dedica a ayudar. Incluso a Ayudar Jugando. Y por ellos es que esta noche me vestiré la túnica, me ceñiré la corona, sufriré la barba y pasearé por Innisfree hasta la hora que convenga repartiendo lo que han conseguido esa maravillosa gente del GJP de Innisfree y su Un nen, una joguina.



¿Mi regalo para esta noche? Cada una de las sonrisas que veo cuando nos abren la puerta de su casa y cada uno de esos chavales ven aparecer a Baltasar, a Melchor o a Gaspar.



Y es que sigo peleando por la sonrisa de un niño...

Estar hecho caldo  

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Hoy, mientras fregaba la olla en la que ayer tuvimos cociendo durante sus buenas cuatro horas un caldo de esos que nos encantan en casa, se me ha ido la olla. Y no la que tenía entre las manos con el estropajo, sino la otra. Y me ha dado por pensar en esa expresión tan típica: "Estar hecho caldo". La usamos para referirnos a estar completamente destrozado, agotado, sin apenas fuerzas para nada más... És lógico, si uno mira las verduras y la carne después de todas esas horas de cocción, todo bien desecho y bien reblandecido, tanto que se desmenuzan al sacarlos de la olla, se entiende perfectamente a qué viene esa expresión.



Pero claro, ahí ha sido donde se me ha ido la olla (curiosa expresión, tal vez algún día deba investigarla), insisto, la de encima de los hombros, no la que estaba fregando. Y claro, me ha dado por pensar que si bien es cierto que el contenido estaba practicamente deshecho, sin embargo lo que antes era simplemente agua se había convertido en una substancia nueva, que condensaba el resultado de todo ese esfuerzo, de toda ese agotamiento de sus distintos componentes en un caldo delicioso. Tal vez, sólo tal vez, lo de "estar hecho caldo" no sea tan malo, después de todo, si precisamente lo que surge en la mente es precisamente eso, un suculento caldo de ideas, de proyectos, de nuevas sensaciones que hará que haya valido la pena acabar hecho caldo...



En fin, tonterías mías, como de costumbre. Pero para eso está un blog, ¿no?

Recuerdos  

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En ocasiones, un recuerdo te golpea de repente. Sin que llegues a saber de dónde sale o qué lo invoca, te viene a la cabeza una imagen. Y hoy me ha venido él.

Era grande, fuerte, cabezón y con una paciencia casi infinita. Ese casi exceptuaba a una persona. Con Lía su paciencia era directamente infinita. No he visto mayor devoción que la que él sentía por ella. Y a María y a mí nos adoraba, pero cuando andaba Lía de por medio, su mirada dulce, ambarina, la seguía allá donde ella iba.

Ella le correspondía. El primer "nombre" que pronunció, fue el de él. Se quedaba dormida tumbada sobre él, y veías ese enorme corpachón absolutamente inmóvil, con miedo a despertarla. Le arañaba, le retorcía las orejas, se las mordía... y él se limitaba a poner cara de paciencia y sonreír.

Hace unos días, mientras Lía preparaba su carta a los Reyes/Papá Noel, escribió la siguiente frase en esa carta.

"Quiero un peluche de Argos.

Por favor, esto es muy importante. El que tengo se está rompiendo y no quiero olvidarle nunca."

Argos murió hace ya casi 7 años. Ella sólo tenía tres entonces. Pero no le ha olvidado. Y conociéndolo a él, si existe algo más allá de de esa puerta que todos cruzamos algún día, hay un rottweiler de 50 kilos, con una mirada dulce y una sonrisa llena de dientes, esperándola tumbado con la cabeza entre las patas, con esa infinita paciencia suya...




Nota: De momento no he conseguido encontrar ese peluche. Sigo buscando... pero juro que voy a encontrarlo.


Nota posterior: Peluche encontrado justo a tiempo para Reyes. Me siento un poquito más feliz al recordar la cara de Lía al abrir ese paquete...

Propósitos de Año Nuevo  

Posted by La voz silenciada in

Como ya habrás visto por la fecha, hoy es 1 de enero. Así que tocan Propósitos de Año Nuevo. Así, con mayúsculas, que queda como más impresionante. Pues eso, un propósito más, ponerme con lo de escribir un ratito cada día en cualquiera de los blogs. Creo que mi principal problema es que he tendido a blogs excesivamente tematizados, así que a éste le toca la árdua e ingrata tarea de ser el cajón de sastre.