Pues sí, el domingo fue mi cumpleaños. 40 tacos uno encima del otro ya. Pero el motivo del post no es lamentarme por la juventud perdida y desperdiciada (que podría, podría) sino enseñaros a todos el pedazo de regalo que me hizo mi mujer. Ha sido especial, muy especial. Tiene un culo grande, enorme para los que no estamos acostumbrados a ese tipo, a esa estructura morfológica.
Pero quizás por ese mismo culo, tiene una voz delicada, potente, rica, llena de matices, que invita a acariciarla, a pulsarla, a intentar sacar de ella cada vez más... ¿eh? No, no, no hablo de mi mujer, hablo de esta preciosidad:¿A que es preciosa...? Pues imaginaos lo bien que suena...
Ayer regresé de mi estancia (y ya van cinco) en Gales. La parte buena del retorno es el volver a ver a mis chicas. La parte mala es volver a aguantar este calor humedo y pegajoso. Dejo allí a uno de los mejores amigos que nadie pueda tener, el scottish-catalonian que hace cinco años ya adopté como hermano mayor... ¿o fue él quien me adoptó como catalonian-scottish? La verdad es que poco importa. Nos adoptamos el uno al otro. Sé que él jamás leerá esto, pues aunque lo intentara, poco iba a entender. Pero me da igual. Necesito decirlo una vez más: Gracias, George. Te echo de menos.
Último día de las vacaciones de Semana Santa, y maldita la gracia que me hace volver a trabajar... Como a todos, supongo. El desgaste que me está provocando este curso está siendo muy alto y los niveles de stress están por las nubes. Empiezo a pensar que necesito un replanteamiento, pero mucho me temo que hasta el verano no voy a poder llevarlo a cabo.
No sé aún bien del todo que me ha traído hoy a escribir. Supongo que ese trocito de conciencia que me remuerde por no actualizar el blog más a menudo. Me encantaría ser disciplinado, tener esos mismos hábitos de constancia y trabajo diario que intento conseguir en otros... Pero como de costumbre ando metido en más proyectos, aficiones y cuitas de las que puedo acometer de forma constante. Quizás el secreto de los blogs sea hacer lo que estoy haciendo ahora, escribir así, sin pararme a pensar sobre qué, dejando que la mano pasee por el teclado trasladando lo que me pasa por la cabeza. Al fin y al cabo, es lo que parece que hace mucha gente. Hay que olvidarse de la excelencia. Al menos en lo que no se refiere a los asuntos profesionales. Centrarse en disfrutar del camino. Sigo leyendo, menos de lo que me gustaría, pero más que hace unos años. Ahora mismo he aparcado las aventuras de Vlad Taltos para meterme en el Cineclub. Cuando lo acabe, si me acuerdo, lo comento. No es una promesa.
Esta noche es la Noche de Reyes. Esa noche en la que tantos niños se acuestan con la ilusión de esperar qué aparecerá por la mañana, qué regalos habrá. Las sonrisas de sus caras son lo más mágico, el mejor regalo de ese día.
Sin embargo, muchos otros no pueden vivir esa sensación, esa ilusión, esa sonrisa. Por todos ellos, hay gente que se dedica a ayudar. Incluso a Ayudar Jugando. Y por ellos es que esta noche me vestiré la túnica, me ceñiré la corona, sufriré la barba y pasearé por Innisfree hasta la hora que convenga repartiendo lo que han conseguido esa maravillosa gente del GJP de Innisfree y su Un nen, una joguina.
¿Mi regalo para esta noche? Cada una de las sonrisas que veo cuando nos abren la puerta de su casa y cada uno de esos chavales ven aparecer a Baltasar, a Melchor o a Gaspar.
Y es que sigo peleando por la sonrisa de un niño...
Hoy, mientras fregaba la olla en la que ayer tuvimos cociendo durante sus buenas cuatro horas un caldo de esos que nos encantan en casa, se me ha ido la olla. Y no la que tenía entre las manos con el estropajo, sino la otra. Y me ha dado por pensar en esa expresión tan típica: "Estar hecho caldo". La usamos para referirnos a estar completamente destrozado, agotado, sin apenas fuerzas para nada más... És lógico, si uno mira las verduras y la carne después de todas esas horas de cocción, todo bien desecho y bien reblandecido, tanto que se desmenuzan al sacarlos de la olla, se entiende perfectamente a qué viene esa expresión.
Pero claro, ahí ha sido donde se me ha ido la olla (curiosa expresión, tal vez algún día deba investigarla), insisto, la de encima de los hombros, no la que estaba fregando. Y claro, me ha dado por pensar que si bien es cierto que el contenido estaba practicamente deshecho, sin embargo lo que antes era simplemente agua se había convertido en una substancia nueva, que condensaba el resultado de todo ese esfuerzo, de toda ese agotamiento de sus distintos componentes en un caldo delicioso. Tal vez, sólo tal vez, lo de "estar hecho caldo" no sea tan malo, después de todo, si precisamente lo que surge en la mente es precisamente eso, un suculento caldo de ideas, de proyectos, de nuevas sensaciones que hará que haya valido la pena acabar hecho caldo...
En fin, tonterías mías, como de costumbre. Pero para eso está un blog, ¿no?
En ocasiones, un recuerdo te golpea de repente. Sin que llegues a saber de dónde sale o qué lo invoca, te viene a la cabeza una imagen. Y hoy me ha venido él.
Era grande, fuerte, cabezón y con una paciencia casi infinita. Ese casi exceptuaba a una persona. Con Lía su paciencia era directamente infinita. No he visto mayor devoción que la que él sentía por ella. Y a María y a mí nos adoraba, pero cuando andaba Lía de por medio, su mirada dulce, ambarina, la seguía allá donde ella iba.
Ella le correspondía. El primer "nombre" que pronunció, fue el de él. Se quedaba dormida tumbada sobre él, y veías ese enorme corpachón absolutamente inmóvil, con miedo a despertarla. Le arañaba, le retorcía las orejas, se las mordía... y él se limitaba a poner cara de paciencia y sonreír.
Hace unos días, mientras Lía preparaba su carta a los Reyes/Papá Noel, escribió la siguiente frase en esa carta.
"Quiero un peluche de Argos.
Por favor, esto es muy importante. El que tengo se está rompiendo y no quiero olvidarle nunca."
Argos murió hace ya casi 7 años. Ella sólo tenía tres entonces. Pero no le ha olvidado. Y conociéndolo a él, si existe algo más allá de de esa puerta que todos cruzamos algún día, hay un rottweiler de 50 kilos, con una mirada dulce y una sonrisa llena de dientes, esperándola tumbado con la cabeza entre las patas, con esa infinita paciencia suya...
Nota: De momento no he conseguido encontrar ese peluche. Sigo buscando... pero juro que voy a encontrarlo.
Como ya habrás visto por la fecha, hoy es 1 de enero. Así que tocan Propósitos de Año Nuevo. Así, con mayúsculas, que queda como más impresionante. Pues eso, un propósito más, ponerme con lo de escribir un ratito cada día en cualquiera de los blogs. Creo que mi principal problema es que he tendido a blogs excesivamente tematizados, así que a éste le toca la árdua e ingrata tarea de ser el cajón de sastre.
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